‘Mina’ regresó a su barrio después de seis meses y recordó que allí aprendió a usar sus puños desde pequeño.
Ralph Zapata
Cuando Carlos Zambrano decidió quedarse en los Estados Unidos –hace dos años– llamó por teléfono a su madre María Elena y le dijo, llorando: “Mamá, me quedaré porque quiero que cambien nuestras vidas”.
El boxeador chinchano solo escuchó un llanto y una oración a Melchorita, la patrona de su ciudad. Luego hubo un largo silencio.
Aún recuerda esos detalles. Incluso con más fuerza, pues ha vuelto a Chincha después de seis meses de ausencia. Nada ha cambiado: los estragos del terremoto aún se notan en las casas, en las calles y en la gente.
“El terremoto fue hace dos años y mira cómo sigue Chincha”, dice ‘Mina’ mientras camina por Los Laureles de Pueblo Nuevo, donde creció y aprendió a golpear.
Tierra de campeones
‘Mina’ regresó a Perú para pelear contra Carlos de Jesús, un boxeador brasileño a quien despachó en el segundo round, en la antesala de la defensa del título mundial de Kina ‘Dinamita’ Malpartida.
Ese día nació un héroe para los chinchanos. Allá, en el barrio donde vive, todos lo vieron por televisión y recordaron al chiquillo que soñaba con ser un gran campeón.
“No hay nada como estar en casa, comer tu comida, ver a tus amigos, a tu gente”, dice Zambrano, quien forma parte de una estirpe de boxeadores: sus hermanos –Raúl y Percy– también son púgiles como lo fue su tío abuelo, el recordado Mauro Mina.
Zambrano empezó a los 13 años por insistencia de Freddy Blanco, ex subcampeón mundialde boxeo amateur. “Carlos es uno de los boxeadores más rápidos de Sudamérica, tiene un buen jab y pega muy bien abajo”, dice Blanco mientras entrena a sus nuevos alumnos.
Lejos de casa
Zambrano sabe que tiene una gran responsabilidad: ser campeón mundial. No solo por su linaje, sino porque quiere llevar una vida sin apuros económicos.
“Aparte del título mundial, con el boxeo espero mejorar mi situación económica, formar una empresa de boxeo, y ayudar a mi familia y a mi gente”, dijo ‘Mina’, quien el próximo lunes partirá otra vez a Estados Unidos.
Ese día se le acabarán las vacaciones. Entonces volverá a la comida rápida y a los entrenamientos rutinarios. “Son los esfuerzos que debes hacer si quieres llegar lejos”, dice. Sin embargo, él sabe que cuando vuelva a salir al ring, Chincha y su familia estarán otra vez en su mente, como siempre. Porque él es un luchador nostálgico.